Creerse superior

Publicado en El Periódico de Catalunya, 1991-IX-25

        Lo que caracteriza al racismo no es la consideración de que algunos seres humanos son inferiores. Lo esencial es creerse superior. Definir a otros negativamente, apoyándonos en el argumento que sea, no es más que la contrapartida simbólica mediante la que nos definimos positivamente. Y, precisamente porque ningún ser humano es superior a otro, hay que negar al otro para poder proclamar la supuesta superioridad.

        Disfrazar semejante pretensión con el ropaje del menosprecio es la gran falacia racista. Por eso nos cuesta advertir que el racismo impregna nuestra cultura, sea en forma de creencias religiosas en seres superiores que legitiman a quienes se consideran sus elegidos, o se exprese en clave patriótica o nacionalista que ensalza a unos pueblos siempre en detrimento de otros, o adopte esa forma más moderna y hasta progresista obsesionada por alcanzar peldaños superiores del desarrollo, la riqueza, el progreso, visión adulta del imperativo escolar que incita a ser el primero de la clase...

        Pero, además, creerse superior no repercute sólo en aquellos seres humanos a los que se define inferiores. Afecta, ante todo, a quien se lo cree, al convencerle de que si no se asemeja al modelo superior incurre en esa inferioridad... que proyecta en los demás. Y el pánico a reconocernos con esa dimensión humana tan bajita, a ras de tierra, genera la angustia y la virulencia con que a menudo estalla el racismo.

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