RENFE

Publicado en El Periódico de Catalunya, 1991-XII-22

        ¡Albricias!, exclamé cual personaje de los tebeos de mi infancia. ¡Hurra! ¡Vaya carta! Me froté los ojos por si acaso y la releí:

        "Acusamos recibo de su reclamación formulada en el folio número tal del libro número tal de la Estación de Barcelona  Paseo de Gracia de fecha..."

        No. No me ofrecían ninguna indemnización. Simplemente me pedían los billetes originales de aquel viaje "a fin de proseguir con el expediente incoado al efecto". Pero me llenó de alborozo comprobar que mi reclamación por el retraso de casi una hora había sido escuchada, y que tan sólo nueve días después de presentarla me decían algo.

        Desconozco cuál será el resultado final. Lo que está claro es que se puede y se debe reclamar a RENFE. El trámite es sencillo: basta con solicitar el libro de reclamaciones al jefe de estación, rellenar el formulario y guardar los billetes. El problema es que si, como sucedió en aquella ocasión, el tren llega tarde, ejercer este derecho implica llegar todavía más tarde.

        Mucho más útil sería, por tanto, que cada tren tuviera su libro. De este modo, si aquel día el revisor, además de explicarnos la situación nos lo hubiera ofrecido, la demora se habría hecho más llevadera mientras nos desfogábamos rellenando impresos con nuestras quejas.

        Por el contrario, tuvo que aguantarlas él estoicamente, sin tener ninguna responsabilidad en el problema.

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