1 - Menosprecio de la mujer, identificación con el Arquetipo Viril.

Al prestar atención a lo que Aristóteles dice en la Política de las mujeres y de los hombres, hemos podido notar que el filósofo toma en consideración, como dato significativo para su explicación teórica, la existencia de las mujeres y la relación con los hombres. En la Política se habla de la mujer, fundamentalmente como punto de referencia que sine para definir al varón.

Aristóteles empieza su tratado refiriéndose a la relación macho-hembra entre los animales y entre los esc1avos, luego a la relación hombre-mujer entre griegos y griegas. Los prejuicios sexistas del filósofo en contra de las mujeres, a las que considera inferiores a los hombres y destinadas a estar sometidas a ellos, no aparecen ocasionalmente ni de forma marginal: son elementos de los que se sirve para poder definir la superioridad de los varones adultos griegos.

Sin embargo, no podemos decir que Aristóteles considere que las mujeres son inferiores a los hombres, sin matizar más. No todos los hombres son definidos por el filósofo como seres superiores, sino solamente algunos hombres, los varones adultos griegos a los que considera también superiores a otros hombres: a aquellos que resultan conceptualizados negativamente como no-adultos griegos y como no-griegos de cualquier condición.

Como he explicado, para poder clarificar este prime nivel de lectura crítica necesité recurrir al original griego para precisar algunos términos clave. Así, los traductores utilizan la palabra hombre indistintamente donde Aristóteles habla una veces de ANER, -DROS y otras de ANTHROPOS; y al no advertir la distinción que hace el filósofo, inducen a creer que todo lo que se dice del hombre puede generalizarse a cualquier ser humano: pudiera ser generalizable, ciertamente, pero la precisión del texto aristotélico no nos permite decidir que, en su pensamiento, fuese indiferente el uso de uno u otro término.

La utilización del texto original resulta interesante, también, para precisar más los términos que Aristóteles usa para hablar de los seres humanos masculinos y femeninos: utiliza siempre términos correlativos, así macho (ARREN) / hembra (THELU), varón (ANER) /mujer (GYNE)... La palabra hembra aparece referida o bien a la diferenciación sexual en general, o bien a la diferenciación entre animales y entre bárbaros y esclavos, mientras que para hablar de griegos y griegas se sirve de ANER y GYNE, o de ALOKHOS y POSIS. La palabra ANER sirve también para designar al padre y al ciudadano.

Todo esto nos lleva a des-cubrir que la superioridad que Aristóteles atribuye al hombre, al varón adulto griego, no es un simple esquema sexista. El sexo es una de las variables de que se sirve para atribuir superioridad a los varones adultos griegos, pero no es la única variable: entran en juego otras que, articuladas con el sexo, generan un sistema de clasificación complejo que establece relaciones jerarquizadas.

Todo ello queda muy claro en algunas frases en las que el   filósofo condensa el sistema de clasificación social complejo con que opera. Así, cuando dice que,       

"para hacer grandes cosas es preciso ser tan superior como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos, el amo a los esclavos"

Por tanto, nuestra lectura crítica no puede atender solamente al sexismo, sino que ha de captar la articulación de este prejuicio con los que afectan a otras divisiones sociales: de ahí que la definamos como no-androcéntrica.

No obstante, una actitud crítica con el sexismo -con cualquier forma de sexismo, incluida la que puede conducirnos a identificamos con la mujer (GYNE) y menospreciar a la hembra (ARREN)- nos puede permitir notar, al aproximarnos a los textos que presuntamente explican el pensamiento político del filósofo, que de las veinte obras analizadas, en seis no se utiliza nunca la palabra mujer (Bernhardt, Capelle, Copleston, Martínez Marzoa, Mondolfo y Schumpeter), tal como puede verse en las fichas adjuntas. Si, además, tenemos en cuenta que las referencias a mujer son marginales al pensamiento político de Aristóteles en el comentario que de él hace Agnes Heller, podemos deducir que un tercio de los autores y autora analizados menosprecian las referencias que Aristóteles hace a las mujeres, hasta ignorarlas.

De los trece autores restantes, Abbagnano y Touchard sólo mencionan a la mujer a propósito de la crítica de Aristóteles a la comunidad de mujeres defendida por Platón en la República; de modo que sólo en las once obras que quedan se exponen algunas de las ideas de Aristóteles en torno a las relaciones entre mujeres y hombres.