2 - Centro hegemónico, divisiones sociales y modelos de comportamiento: OIKONOMIA y POLITIKE

Los resultados del primer nivel de lectura crítica no-androcéntrica nos llevan a comparar el sistema de clasificación social que aparece en la Política y el sistema de valores que conlleva, con la exposición que de ello hacen los autores que explican actualmente, en los medios universitarios, el pensamiento de Aristóteles.

Hemos concluido ya que el sistema de clasificación social que expone el filósofo es un sistema complejo, en el que los pre-juicios sexistas se articulan con otros que se refieren a la edad, a la raza y a lo que solemos denominar como la clase social, en definitiva, al dominio territorial (patrimonial). Conviene notar también que no se trata sólo de un sistema que establece una división social del trabajo: las relaciones entre mujeres y hombres de distintas condiciones son concebidas por el filósofo como relaciones jerarquizadas entre quienes, por naturaleza, mandan, y quienes, también por naturaleza, están destinadas y destinados a ser mandados. Es decir, se trata de un sistema imaginario de clasificación social jerárquico y complejo que consta de una cúspide central -en la que se ubica quien lo enuncia- y unos márgenes que se ordenan, como estratos jerarquizados, concéntricamente.

Recordemos ahora, de nuevo, que en el libro 1 Aristóteles se propone clarificar las diferentes formas de autoridad que operan en la POLIS, y que para ello distingue entre las relaciones que se dan en la OIKIA y las relaciones políticas, strictu sensu.

La familia constituye el elemento más simple y primero de la POLIS. En esta familia, los elementos más simples son el señor y el esclavo, el varón y la mujer, el padre y los hijos. Define la autoridad del señor como DESPOTIKE, mientras que, según dice, la lengua griega no tiene palabras para definir la relación jerárquica entre el varón y la mujer, y entre el padre y los hijos griegos. A estos tres elementos añade un cuarto: la propiedad.

El análisis aristotélico del orden patrimonial o doméstico, de lo que él define como OIKONOMIA, parte, pues, de considerar superior al varón adulto griego que impone su hegemonía sobre otras y otros mujeres y hombres a los que considera destinados a ser mandados por él. Así, en primer lugar, el conjunto de varones adultos griegos configuran un nosotros que se diferencia de otras y otros por un papel jerárquico (ARKHOS/ ARKHOMENOS). Aquellos son los que ejercen el poder; siempre, en sus respectivos dominios privados; alternando entre sí en el ámbito público, político. Estas y éstos, a los que se de fine destinados a ser mandados, no ejercen el poder. Esto es lo que diferencia la autoridad y las relaciones propias de la OIKONOMIA y de la POLITIKE.

Por lo tanto, el nosotros viril-griego, del que Aristóteles se hace portavoz, se autodefine superior a base de valorar negativamente a otras y otros: esclavas y esclavos son considerados propiedades vivas del varón; las mujeres griegas, seres libres pero inferiores y que deben estar sometidas al varón; los hijos -y parece que se refiere sólo a los hijos varones re conocidos-, aunque también libres, inferiores porque todavía no son varones ( A-TELOS = que no han alcanzado el fin), y sometidos a los adultos entre otras razones porque

"se aprende a mandar obedeciendo"

y

"la única y verdadera escuela de mando es la obediencia".

 Esclavas y esclavos, mujeres e hijos griegos, pertenecen al ámbito privado o patrimonio de cada varón adulto griego: él constituye la cúspide central de la familia en la que, como hemos visto, se distingue, además, entre libres (griegos y griegas) y no-libres (no-griegos y no-griegas).

Existen otras y otros mujeres y hombres que no forman parte de la OIKIA y que, aunque son seres necesarios para la vida de la POLIS, quedan también excluidos del nosotros viril griego que participa en el ejercicio del poder, tal como lo concibe Aristóteles: artesanos, mercaderes, obreros... extranjeros que habitan en la POLIS y, en fin, cualesquiera seres humanos que no forman parte de la POLIS, que tienen otras formas de vida social distintas.

Por tanto, este modelo jerárquico parte, en primer lugar, de la delimitación de un centro hegemónico constituido por el conjunto de varones adultos griegos, de jefes patrimoniales, autodefinidos destinados a mandar y superiores a base de definir negativamente las aportaciones a la vida social de otras y otros, o las formas de vida de los considerados peyorativa mente como bárbaros. Precisamente, la naturaleza ha establecido el derecho de los varones griegos a esclavizar a los bárbaros.

Descubrimos, así, la primera división social, la más elemental: el conjunto de mujeres y hombres de distintas condiciones que habitan en la POLIS son marginados jerárquicamente al autoerigirse los varones adultos griegos como seres superiores y destinados a mandar, ya! establecer, conjuntamente, un espacio social central desde el que ejercen el poder y expanden su hegemonía sobre otros territorios a cuyos miembros esclavizan. En el varón adulto griego se condensan, así, diversos niveles de hegemonía que hacen referencia al sexo, a la edad, a la raza, la clase social..., al dominio territorial.

La palabra andro-centrismo, tal como la hemos definido en la Introducción, parece, pues, adecuada para expresar esta condensación de niveles de hegemonía que confluyen en los varones adultos que tratan de dominar amplios territorios. De esta hegemonía viril, de esta primera división coercitiva de la sociedad, se derivan, articulados, conflictos de sexo/edad/raza/clase...

Este sistema de divisiones sociales articuladas aparece reforzado, en la Política, por otra forma de dividir y ordenar la vida social: materializando en la apropiación patrimonial y la ordenación del espacio social. El espacio que ocupa el colectivo humano se halla dividido en dos grandes ámbitos: unos constituyen los patrimonios privados de cada varón; otros los escenarios de las actuaciones colectivas del conjunto de varones, patrimonio público. En la Figura n° 1 he querido representar esquemáticamente esta forma de dividir y clasificar las relaciones sociales y su plasmación espacial.

 

La otra política de Aristóteles - figura 1

Figura 1. La POLIS, según el modelo aristotélico: Divisiones sociales androcéntricas y ordenación privada/pública del espacio social. 

Aristóteles defiende, frente a Platón, que cada varón posea privadamente mujeres hombres y bienes diversos que le permitan vivir bien y reproducirse. La palabra reproducción adquiere aquí un doble sentido: la OIKONOMIA está orientada a la reproducción de nuevas criaturas, especialmente de aquellas que han de llegar a ser miembros del colectivo viril, y, también, a la reproducción de la propia vida del varón sin que éste tenga que ocuparse de obtener ni elaborar sus medios de subsistencia. Para ello los varones griegos se apropian de las mujeres griegas, para que le den hijos a su imagen, es decir, para controlar la perpetuación y acaso el incremento del colectivo viril; se apropian, también, de mujeres y hombres no-griegos, para que produzcan sus medios de subsistencia, medios que les ha de permitir no sólo vivir, sino vivir bien.

Así, el sistema de apropiación patrimonial privada aparece entrelazado con las divisiones sociales: permite que la finalidad del colectivo humano no sea ya la obtención de los bienes necesarios para su supervivencia, sino, además, la producción de bienes excedentes, humanos y naturales, para que una parte del colectivo pueda reproducirse parasitariamente y ocuparse de planificar y realizar la expansión territorial.

Conviene insistir en que estos bienes excedentes no son sólo materiales, sino también humanos: el control de la capacidad reproductora de las mujeres debe permitir controlar el número y la calidad del colectivo viril, lo que está relacionado con las necesidades militares, y estas necesidades, a su vez, con la expansión territorial que hay que realizar y conservar; el control de la esclavitud, es decir, de los seres humanos de los colectivos sometidos, está orientado a incrementar los bienes materiales de los varones griegos, explotando su fuerza de trabajo. La cuestión central estriba en la apropiación patrimonial: Platón y otros pensadores a los que se refiere Aristóteles la cuestionaban de distintas formas; éste creía que la PHILIA y la virtud podían solventar estos conflictos y que la apropiación privada, individualizada, era necesaria. La existencia de instituciones como las comidas en común, de las que habla Aristóteles, nos puede hacer pensar en que históricamente se hubieran producido formas colectivas de apropiación por parte del conjunto de varones adultos griegos y que, posteriormente, se hubiera pasado a formas cada vez más individualizadas de dominio patrimonial.

Sea como sea, en la Política, la apropiación privatizada de otras y otros mujeres y hombres por parte de los varones adul tos griegos aparece configurada a partir de la división del espacio social en espacios privados y públicos. Los espacios privados son aquellos que permiten a cada varón no sólo vivir, sino vivir bien; el espacio público, que podemos identificar como el centro hegemónico propiamente dicho, aparece como si de un escenario de la re-presentación simbólica del poder se tratara. Aquellos constituyen el lugar de la OIKONOMIA; éste el de la POLITIKE. Así, el orden jerárquico social permite la reproducción generacional de quienes constituyen ese centro hegemónico, es decir, del colectivo de varones adultos griegos que orientan las actividades de las restantes mujeres y hombres de acuerdo con sus estrategias expansivas.

Podemos representar gráficamente así esta organización compleja de las relaciones sociales según Aristóteles:

 

La otra política de Aristóteles - Esquema

Aristóteles es consciente de que el papel que adjudica a mujeres y hombres de distintas condiciones encuentra dificultades en la práctica y genera conflictos. Ni las mujeres ni los hombres excluidos del centro hegemónico se doblegan fácilmente al papel que se les asigna. Pero esto no le impide definir teóricamente, primero, el fin que atribuye a mujeres y hombres diversos; y, además, la naturaleza de estos seres, que está en función, como hemos visto, de ese fin que sólo el varón griego puede establecer, pues sólo a él le atribuye el logos en su plenitud.

Y estas dificultades surgen no sólo de las relaciones entre quienes, por naturaleza, están destinados a ser mandados y quienes también por naturaleza, mandan, sino también entre los varones adultos griegos, entre quienes están destinados a vivir bien y alcanzar la virtud y la felicidad.

¿Cómo amortiguar estas tensiones? Aristóteles formula dos tipos de soluciones: una se refiere al comportamiento de los individuos; otra, a la organización institucional de la vida social.

Veamos, en primer lugar, la que afecta al comportamiento de los seres humanos, al papel que las distintas mujeres y hombres deben jugar en la vida social.

Si las divisiones sociales se plasman, como hemos visto, en la ordenación privado/pública del espacio social, hay que tener en cuenta, también, que la operatividad del sistema de clasificación social está en relación con la asimilación de las actuaciones correspondientes a los distintos espacios sociales, por tanto, de los modelos de comportamiento: el sistema imaginario de clasificación social se torna real en la medida en que se encarna en seres humanos que adecuan sus actuaciones a las de los prototipos de comportamiento establecidos por tal sistema.

De la lectura de la Política se desprende que a Aristóteles le preocupa fundamentalmente el comportamiento individual y colectivo de los varones griegos: que éstos lleguen a asumir el arquetipo viril que les asigna. Y es comprensible. Primero, porque "se aprende a mandar obedeciendo"; y, además, porque el papel que atribuye a estos varones es precisamente lograr que los restantes mujeres y hombres cumplan las tareas que les asigna.

Pero para poder definir positivamente y valorar como superior el modelo de comportamiento propio del arquetipo viril, tiene que recurrir a definir negativamente y valorar inferior el comportamiento de otras y otros mujeres y hombres. Esto es lo que hace desde el libro 1: la definición del ser destinado por la naturaleza a mandar (ARKHOS) requiere establecer cuáles son los seres destinados a ser objeto de su poder (ARKHOMENOS). La primera contra-posición (o, si se quiere, contradicción simbólica) hace referencia al sexo, y la relaciona con la producción de criaturas a imagen y semejanza del varón. La segunda, se refiere a la hegemonía territorial: los no-griegos están destinados a ser sometidos por los griegos, a convertirse en esclavos de los griegos, por tanto la hegemonía de clase se desprende de la hegemonía racial. La tercera contra-posición, según el orden de este libro I, hace referencia a la edad entre los varones griegos: los adultos ejercen el poder sobre los no- adultos, puesto que éstos son incompletos, A-TELOS, todavía no han llegado a ser varones.

Existen, pues, según Aristóteles, una desigualdad natural entre el varón adulto griego y las mujeres y criaturas también griegas, y mujeres y hombres no-griegos de cualquier condición. Pero esta desigualdad no puede ser tan grande que dificulte un mínimo entendimiento entre el ser destinado a mandar y los destinados a ser mandados. De ahí que, al final del libro I, se plantee si las virtudes del ser formado por la naturaleza para mandar y las de los seres destinados a ser mandados deban ser las mismas o diferentes.

En definitiva, existe una articulación entre la valoración positiva del varón adulto griego y la valoración negativa de otras y otros: una articulación bipolar que implica comportamientos dicotómicos, contra-puestos o contra-dictorios. Aristóteles conoce las dificultades de que mujeres y hombres se ajusten a estos modelos de comportamiento, las expone en el libro II y en otros libros. Pero la valoración positiva del arquetipo viril requiere enunciar al menos la valoración negativa de otras y otros.

Este modelo viril aristotélico, menos austero que el de Platón, se asemeja al de su maestro en rasgos fundamentales. Así, critica a la constitución espartana

"tender exclusivamente a desenvolver una sola virtud: el valor guerrero. No niego la utilidad del valor para llegar a la dominación, pero Lacedemonia, que se ha sostenido mientras ha hecho la guerra, ha perdido el poder por no saber gozar de la paz y por no haberse dedicado a ejercicios más elevados que los de los combates (...) Las conquistas deben ser el premio del comba te (dice, pero) los espartanos han llegado a considerar a aquellas como cosa superior a la virtud misma, lo cual es cosa menos que laudable".

Por tanto, el arquetipo viril propugnado por Platón y Aristóteles trata de llegar a un equilibrio entre el valor guerrero y la virtud: la guerra no puede ser el fin de la POLIS, ni la ocupación principal de los varones; éstos deben cuidar también de la paz, de controlar el comportamiento de los esclavos, las mujeres y los hijos, aspecto que el excesivo belicismo lleva a descuidar.

Sentadas estas bases en los libros I y II, Aristóteles pasa, en el libro III, a definir al ciudadano, lo que presenta una dificultad: las distintas nociones de qué sea un ciudadano, según las distintas formas de gobierno o constituciones. El ciudadano de la democracia no es el ciudadano de la oligarquía, puesto que democracia y oligarquía implican una previa definición de quiénes son y quiénes no son ciudadanos. ¿Cómo salir de este círculo vicioso? ¿Cómo romper el relativismo y la diversidad que se da en la vida real? La solución que adopta, como hemos visto, es esbozar esa idea absoluta de ciudadano que servirá para ver en qué medida el ciudadano concreto se acerca o se distancia de esa idea, de esa abstracción modélica y modelizadora. Y, así, el mejor ciudadano es el ANER AGATHOS, el varón perfecto, modélico, ideal, el arquetipo viril por excelencia.

Hemos visto ya, al hacer la lectura de la primera parte del libro III, que Aristóteles va entrelazando cadenas de negaciones para poder concluir definiciones positivas del buen ciudadano y del varón perfecto o modélico. Queda claro, una vez más, que la definición positiva del comportamiento de los varones adultos griegos requiere definir negativamente el comportamiento, las actuaciones, de otras y otros mujeres y hombres: la construcción imaginaria del arquetipo viril exige configurar modelos prototípicos negativizados.

Pero, como ya he indicado, lo que le interesa fundamental mente es el comportamiento de los varones griegos, puesto que de ellos depende que las restantes mujeres y hombres cumplan, a su vez, los papeles asignados. De ahí su cuidado en esbozar el modelo viril por excelencia en el libro III y, en especial, en los libros IV y V en los que se dedica a establecer las condiciones naturales y humanas que pueden hacer posible la mejor forma de gobierno. En ellos encontramos de nuevo el sentido que el filósofo otorga a la OIKONOMIA: el conjunto de bienes naturales y humanos que permiten la re-producción del colectivo viril hegemónico.

La conformación, física y psíquica, de los varones griegos desde que son concebidos en el seno materno forma parte de su preocupación por esta re-producción del colectivo viril, cuantitativa y cualitativamente. Pues, según Aristóteles

"si es un deber del legislador asegurar la robustez corporal desde el principio a los ciudadanos que ha de formar, su primer cuidado debe tener por objeto los matrimonios de los padres y las condiciones, relativas al tiempo y a los individuos, que se requiere para contraerlos";

de este modo

"el legislador podrá formar, casi como le plazca, los cuerpos de los niños tan pronto como son engendrados".

Esta atención a la "robustez corporal" de los ciudadanos desde que son engendrados se debe a una concepción unitaria de la vida humana, en la que el cuerpo es la base del desarrollo equilibrado de la inteligencia. Y, puesto que

"el estado no es virtuoso sino cuando todos los ciudadanos que forman parte del gobierno lo son",

y

"tres cosas pueden hacer al hombre bueno y virtuoso: la naturaleza, el hábito y la razón",

es necesario que la naturaleza

"conceda ciertas condiciones espirituales y corporales"

que habrán de ser regidas por las costumbres y estar ordenadas por la razón. El control de las mujeres se efectúa, por tanto, para garantizar la cantidad y cualidades de aquellas criaturas que han de llegar a ser varones adultos griegos, tema al que dedica la última parte del libro IV, como hemos visto.

La educación de estas criaturas, pasada la primera infancia,

"debe ser necesariamente una e idéntica para todos sus miembros, de donde se sigue que la educación debe ser objeto de una vigilancia pública y no particular"

ya que

"lo que es común debe aprenderse en común, y es un error grave creer que cada ciudadano sea dueño de sí mismo, siendo así que todos pertenecen al Estado."

El libro V, que aparece claramente incompleto, es un compendio del proceso de aprendizaje que tienen que seguir los niños griegos a fin de adecuarse al modelo viril por excelencia, el arquetipo viril. La educación del futuro ciudadano debe comprender cosas útiles de absoluta necesidad, pero no todas, sino sólo

"aquellas que no tiendan a convertir en artesanos a los que las practiquen".

De los cuatro aspectos que Aristóteles considera que debe atender la educación, gimnasia, música, gramática y dibujo, sólo encontramos tratados los dos primeros: la gimnasia ayuda a formar el cuerpo y los hábitos, base para la educación de la razón. De acuerdo con su idea de que el ciudadano debe saber ocuparse no sólo de la guerra sino también de la paz, Aristóteles señala la importancia del equilibrio entre el cuerpo y la razón, equilibrio que depende de la edad. La música tiene por finalidad procurar el descanso a la inteligencia, y su aprendizaje debe orientarse en ese sentido. Pero Aristóteles considera que la educación para llegar a ser un varón adulto griego

"no es cosa de juego. Instruirse no es una burla, y el estudio es siempre penoso. Añadamos que el ocio no conviene durante la infancia, ni en los años que la siguen; el ocio es el término de una carrera; y un ser incompleto no debe, mientras lo sea, detenerse".

Por tanto, de la lectura del texto aristotélico podemos concluir que las divisiones sociales se consolidan no sólo mediante la ordenación de la vida social, que implica la apropiación y distribución del territorio, incluidos los bienes materiales y humanos, sino también mediante el establecimiento de modelos de comportamiento y, en especial, mediante la asimilación del modelo viril por excelencia o arquetipo viril por parte de quienes se han de convertir en miembros del colectivo viril hegemónico.

De este modo, Aristóteles nos conduce a notar la importancia de los modelos de comportamiento para materializar las divisiones sociales derivadas de un sistema imaginario de clasificación social: estas divisiones sociales se plasman en la ordenación del espacio social y en modelos de comportamiento pertinentes en los distintos espacios diferenciados pero articulados. El modelo central, correspondiente al centro hegemónico, valorado positivamente a base de negativizar otros, se atribuye a los varones adultos griegos en tanto que actores en los escenarios públicos, políticos: se trata del arquetipo viril al que deben adecuarse no todos los hombres, sino sólo algunos.

Ahora bien, al leer los diversos textos del discurso académico que presuntamente explican la Política de Aristóteles, notamos que este sistema de clasificación social jerárquico y complejo suele aparecer en ellos simplificado, desprovisto del orden jerárquico, y desvinculado de la ordenación privada/pública del espacio social; tampoco se señala el carácter imaginario de las divisiones sociales jerarquizadas -como si se aceptase que sean naturales- y la importancia que en consecuencia tiene el proceso educativo en la asimilación de los modelos de comportamiento articulados que generan.

La exposición que el discurso académico actual hace del pensamiento político de Aristóteles simplifica este sistema de clasificación social, pero no para su mejor comprensión: como hemos notado, algunos autores ni siquiera mencionan todas las variables a que se refiere; otros, ponen el acento en la división en clases, o incluso, siguiendo a Jaeger, como hace Sabine, concluyen que Aristóteles trató insuficientemente las relaciones entre el varón, la mujer y los hijos griegos. Sólo Fraile, Mosterín y Reale explican de forma detallada los trazos fundamentales del modelo aristotélico, la relación entre los varones adultos griegos y otras y otros mujeres y hombres; hablan de las diferentes formas de autoridad en el seno de la familia; de la exclusión de las mujeres, junto con esclavos, metecos, artesanos, mercaderes y labradores, del derecho de ciudadanía; de las condiciones que, según Aristóteles, deben darse para lograr la felicidad y que no se dan ni en los esclavos, ni en las mujeres, ni en los artesanos, ni en los labradores, por lo que la mayor parte de quienes integran la ciudad-Estado queda excluida del disfrute del bien común.

Sin embargo, ninguno señala que se trata de un sistema imaginario de clasificación social ni tampoco que en él se articulan, jerárquicamente, diversas divisiones sociales, y esto porque se identifica el arquetipo viril, clave de tal sistema, con lo humano: con el yo consciente del saber público.

Tampoco se plantea, en ninguno de los textos analizados, la articulación entre las divisiones sociales y la ordenación patrimonial/pública del espacio social. De ahí que, si bien la mayoría de los autores consideran digna de mención la crítica que Aristóteles realiza al comunismo platónico, ninguno expone claramente los aspectos comunes y las diferencias entre la República de Platón y la Política de Aristóteles, y que giran, como hemos podido notar, en torno a esta relación entre di visiones sociales y orden patrimonial. Esto se debe a que se presta una atención prioritaria a cuanto actualmente corresponde al ámbito público y se menosprecia cuanto es propio del ámbito privado, al mismo tiempo que tal visión, considerada objetiva, se proyecta sobre el pasado, lo que dificulta atender a las transformaciones históricas que han conducido a la situación actual.

Por ello no suelen analizarse las razones por las que el tratado aristotélico se inicia por la OIKONOMIA; de ésta, sólo se toma en consideración, como economía, cuanto hoy se define como economía.., regulada monetariamente en el mercado público; y se sitúa del lado de la familia únicamente lo que hoy se identifica como tal, pero eludiendo entrar en el orden patrimonial como institución básica y fundamentadora del orden social hegemónico. Y, sin embargo, difícilmente se puede comprender el pensamiento político de Aristóteles si no se capta el alcance de cuanto corresponde a su OIKONOMIA y a su POLITIKE, así como su articulación; si se elude profundizar en las transformaciones históricas que la familia, el sistema patrimonial, la economía, la política, la correlación entre los espacios privados y públicos han sufrido; en definitiva, si se adopta una perspectiva que podemos calificar como andro-público-céntrica y, además, se cree que así se obtiene una visión objetiva.

Esta parece también la razón de que en ningún texto se considere que este ser humano superior a otras y otros no es sino un modelo imaginario de comportamiento -un arquetipo viril- cuya valoración positiva se desprende de valorar negativamente los comportamientos que se atribuyen a otras y otros mujeres y hombres. Es más. Mientras en la Política podemos notar el constante contraste entre, por una parte, la realidad de estos varones adultos griegos, los intereses mezquinos que orientan sus actuaciones, las miserias que les llevan a imponerse sobre otras mujeres y hombres para vivir parasitaria- mente y a enfrentarse entre ellos por el reparto del poder, su ambición y corrupción, todo lo que, según Aristóteles, hace que el ejercicio del poder se realice en beneficio particular; entre, por una parte, esa realidad viril que el filósofo expone con detalle, y, por otra, el modelo ideal, conceptual, de lo que según él debería ser este ser superior, feliz y virtuoso, cuya vida debe estar guiada por la prudencia; mientras Aristóteles tiene siempre en cuenta ese doble plano de la realidad y la abstracción, de lo relativo y lo absoluto, en los textos del discurso académico actual se confunden y entremezclan de modo que se idealiza, así, la realidad viril.

La preocupación aristotélica por establecer los métodos que deben permitir al legislador formar, como le plazca, las nuevas criaturas que tienen que re-producir el colectivo viril, por la procreación y la educación de los hábitos y la razón de los futuros varones adultos griegos, parte de ese contraste entre lo que es y lo que, según él, debe ser. Y, sin embargo, es escasamente atendida y menos aún comprendida por los estudiosos analizados. No es extraño que se haya debatido tanto el contraste entre el realismo y el idealismo que aparece en la Política, y que se haya querido encontrar la solución a este supuesto dilema calificando unos libros como idealistas y otros como realistas o pragmáticos.

Cabe señalar que el único autor de los aquí analizados que saca a la superficie consciente de su pensamiento el modelo arquetípico viril definido por Aristóteles, es Bertrand Russell. Russell considera que

"los presupuestos fundamentales de Aristóteles en la Política son muy diferentes de los de los autores modernos. Para él, el fin del Estado es producir gentlemen cultos, hombres de mentalidad aristocrática y, a la vez, capaces de apreciar la erudición y las artes. Era una combinación de cualidades que existía, en su máximo nivel, en la Atenas de Pendes, no entre toda la población sino únicamente entre la población acomodada. Hacia el final del gobierno de Pendes, este tipo empezó a desaparecer. El pueblo, sin cultura, empezó a perseguir a los amigos de Pendes, los cuales se veían obligados a defender los privilegios de los ricos con la traición, el asesinato, el despotismo ilegal y otros métodos no demasiado caballerescos (...)"

Tras rastrear el camino histórico recorrido desde entonces hasta nuestros días, Russell concluye:

"Esta situación se ha terminado por el concurso de di versas fuerzas. En primer lugar, por la democracia, tal como se encarnó en la Revolución francesa y en sus secuelas. Igual que después de la época de Pendes, los gentlemen cultos tuvieron que defender sus privilegios contra el pueblo, y en el proceso dejaron o bien de ser gentlemen o bien de ser cultos. Una segunda causa fue el nacimiento del industrialismo, con una técnica científica muy diferente de la cultura tradicional. Una tercera causa fue la educación popular, que confirió la capacidad de leer y escribir pero no confirió cultura; esto permitió la aparición de un nuevo tipo de demagogo y de un nuevo tipo de propaganda, ejemplificado en las modernas dictaduras.

Para el bien y para el mal, hemos de decir, pues, que la época del gentlemen ha pasado y bien pasado".

Es interesante notar que, mientras Bertrand Russell expone así, no sin añoranza, las repercusiones de la revolución democrático-industrial, tecnológica, en la transformación histórica del arquetipo viril aristotélico, otro autores, como Salvador Giner, se apoyan en Aristóteles para cantar las excelencias de la clase media, y aún hay quien, como hemos visto le sucede a Agnes Heller, hace de él un adelanto del análisis de clase.

En cualquier caso, la identificación con el arquetipo viril tal como lo formula Aristóteles, como forma natural-superior de existencia humana, tiene importantes repercusiones en la producción del discurso académico actual. Mientras el sujeto productor de la Política se autodefine como varón adulto griego, y elabora su reflexión dirigiéndose a otros varones adultos griegos, los sujetos productores del discurso académico (no importan ya las características físicas que tengan, sea de sexo, raza, etc.), se consideran a sí mismos estudiosos objetivos y, sin embargo, como podemos comprobar, parten de asimilar el arquetipo viril como natural-superior, y sin percibir ya cuanto de plenamente humano hay más acá y más allá de ese particular modelo. Lo asimilan -podemos decir, lo asimilamos- dogmáticamente, incluida Agnes Heller, claro exponente de que el arquetipo viril es un modelo imaginario de comportamiento que puede ser asimilado y encarnado por cualquier ser humano, hombre o mujer de diversas condiciones.

Es posible que la "educación popular" fruto de las transformaciones democrático-industriales de la Cultura Occidental, al conferir la capacidad de leer y escribir masivamente, haga ya imposible el retorno a la época de los gentlemen añorada por Bertrand Russell: no importa, el varón por excelencia, el arquetipo viril, no parece existir sino como modelo imaginario al que aspirar, modelo que adquiere dimensiones reales en la medida en que es encarnado y asimilado por seres huma nos concretos. Y desde este punto de vista, lo que necesitamos es clarificar el proceso histórico -colectivo y, también, personal- que ha hecho posible que lo asumamos, más inconsciente que conscientemente: que ha propiciado que lo identifiquemos con el yo consciente del saber académico y nos identifiquemos con él... creyendo que se trata de un yo objetivo, humano.