4 - Naturalismo y finalidad de la vida política

Hemos visto que Aristóteles atribuye a la naturaleza (PHYSIS) las relaciones jerárquicas entre mujeres y hombres de diversas condiciones que habitan en el territorio controlado por la ciudad-Estado: la naturaleza legitima el ejercicio del poder por parte de los varones griegos respecto a las mujeres y criaturas de su propio colectivo, y respecto a las mujeres y hombres que constituyen otros colectivos sociales; justifica, por tanto, la forma de vida social que imponen. Sin embargo, el hecho de que diga que entre quienes no son griegos, entre los bárbaros, no se produce esta jerarquía social porque,

"la naturaleza no ha creado entre ellos el ser destinado a mandar",

nos permite notar que el concepto aristotélico de naturaleza no puede identificarse con lo propio de cualquier ser humano o de cualquier colectivo humano. El propio filósofo se preocupa de esclarecer, ya desde el principio del libro I, el significado que atribuye a la palabra PHYSIS:

"Estas dos primeras asociaciones, la del señor y el es clavo, la del esposo y la mujer, son la base de la familia (...) Así, pues, la asociación natural y permanente es la familia. La primera asociación de muchas familias, pero formada en virtud de relaciones que no son cotidianas, es el pueblo (...) La asociación de muchos pueblos forma un estado completo (...) Así, el Estado procede siempre de la naturaleza, lo mismo que las primeras asociaciones, cuyo fin último es aquel; porque la naturaleza de una cosa es precisamente su fin, y lo que es cada uno de los seres cuando ha alcanzado su completo desenvolvimiento se dice que es su naturaleza propia, ya se trate de un hombre, de un caballo o de una familia. Puede añadirse que este destino y este fin de los seres es para los mismos el primero de los bienes, y bastarse a sí mismos es, a la vez, un fin y una felicidad. De donde se concluye que el Estado es un hecho natural, que el hombre es un ser natural mente sociable (...)"

En este párrafo se presenta como un proceso genético- natural el proceso histórico que habría llevado primero a la constitución de familias patriarcales extensas -a las que incorpora ron a mujeres y hombres a quienes esclavizaron-, y, a partir de su agrupación para solucionar aspectos que no se refieren ya a las necesidades elementales, a la POLIS, en tanto en cuanto lo que define su naturaleza es, precisamente, el fin al que se orienta: una opción histórica de vida social valorada como superior.

Si aceptamos que unas relaciones sociales jerarquizadas, tal como las presenta Aristóteles, constituyen un fin humanamente superior a, por ejemplo, unas relaciones sociales no jerárquicas, asumiremos su concepto de naturaleza. Pero, como ya he concluido al referirme a este inicio del libro I, si cuestionamos los fines que, según Aristóteles, deben orientar la vida humana, cuestionamos, también, su idea de naturaleza. Es más, descubrimos la trampa conceptual a que puede conducir, a pesar de las aclaraciones del filósofo.

El proceso natural de implantación de esta forma de vida de la POLIS, lo relaciona el filósofo con el LOGOS. Ya hemos visto las confusiones a que puede conducir la traducción del término LOGOS: no puede identificarse con facultad humana de hablar, en general, sino que constituye una forma histórica, particular, de conocimiento y expresión, vinculada a la vida de la POLIS. Mediante el LOGOS se formula el fin de la vida social de un conjunto de mujeres y hombres de distintas condiciones y, en consecuencia, lo que se ajusta a este fin y lo que no se ajusta a este fin, lo justo/lo in-justo, lo que puede permitir o impedir que tal fin se cumpla. Mediante el LOGOS, pues, se establece el fin. Y, por tanto, la naturaleza. Recordemos, también, que sólo el varón adulto griego posee el LOGOS en toda su plenitud.

Así, PHYSIS, TELOS y LOGOS, o, mejor, LOGOS, TELOS y PHYSIS constituyen el entramado conceptual básico que le permite legitimar, como forma de vida social humana superior, la que se da en el seno de la POLIS. Lo humano queda, de este modo, reducido a una forma histórica de existencia humana, y, a la vez, esta forma particular queda potenciada como superior a otras formas posibles de existencia social humana.

La lectura crítica no-androcéntrica nos ayuda a desvelar la importancia de este entramado conceptual mediante el que se legitima la hegemonía del varón adulto griego sobre otras y otros mujeres y hombres de distintas condiciones; o, acaso, la no-creencia en la superioridad de nadie, la consideración de que mujeres y hombres, por diversas que seamos, no somos ni superiores ni inferiores sino de una gran diversidad, nos permite percibir el entramado conceptual mediante el que Aristóteles legitima el orden social jerárquico de la POLIS: recordemos los que nos propusimos como puntos de partida de estos ejercicios de lectura crítica.

Ciertamente, el filósofo explica el sentido que da a cada uno de los conceptos clave y su interrelación: ofrece la articulación conceptual básica de su discurso. No oculta los recursos lógicos de que se sirve. Sin embargo, estas claves conceptuales no suelen cuestionarse, sino que se asimilan dogmáticamente o, en el caso de que se hable, como hace Schumpeter, del error teleológico de Aristóteles, esta apreciación no parece afectar decisivamente a la consideración que le merece el sistema de valores que el filósofo justificó así.

De modo que lo que en la Política aparece como lo que debe ser, según lo exige la perpetuación de la hegemonía del colectivo viril, en el discurso académico aparece como lo que es. Y mientras Aristóteles nos proporcionó al menos pistas sobre formas de vida social no jerarquizadas -aunque las valore negativamente, inferiores a la de la POLIS-, en estos textos se considera la vida política como natural-superior fuera de la cual diríase que no hay nada, de modo que se habla indistintamente de vida social, o de sociedad, y de vida política, o Estado. Con esta confusión juega la frase "el hombre es un animal político, por naturaleza".

Descubrimos, así, una profunda e in-consciente resistencia a cuestionar las raíces sobre las que se erige el orden social androcéntrico, y las formas mediante las que se explica y que sirven para legitimarlo. Acaso porque llevar la crítica hasta este extremo requiere poner en cuestión también ese modelo humano con el que hemos aprendido a identificarnos, por tanto, llevar la crítica hasta la autocrítica: exige no identificar ya más LOGOS con capacidad de pensar, o con capacidad de hablar, aceptar, pues, que constituye una forma de ordenar nuestros pensamientos y actuaciones, a la que nos hemos habituado, y que básicamente sirve para que supeditemos nuestra vida/la vida de quienes nos rodean (EROS) a fines superiores (TANATOS).

Estos profundos pánicos ante la autocrítica, indican la fuerza co-activa de este sistema de pensamiento, de este LOGOS AR KHITEKTON. Pues el papel del arquetipo viril, de su sistema de valores y consiguiente universo mental, no estriba sólo en su capacidad de persuadirnos de que debemos aspirar a tan superior forma de vida, sino también en disuadirnos de cualquier tentación de renunciar a él, en convencernos de que no existe otro camino más que el que conduce inexorablemente hacia inalcanzables metas: en ocultar que contra-dice la capacidad de entendimiento humana.